lunes, 1 de junio de 2009

HABIA UNA VEZ

Este es un cuento común, tan común que empezara como todos los demás: “Había una vez” una pequeña niña que vivía en un mundo que como cualquier otro también estaba lleno de felicidad, de tranquilidad y de paz, aunque estas muy de vez en cuando se vieran atrofiadas por pequeñas cositas.
La nena aun no conocía otra forma de vivir, siempre había sido la única, la dueña de todo el amor de quienes la rodeaban. Un día de tantos sus pasitos, tan cortitos como sus piernitas le permitían, se dirigieron a una habitación, la más grande de su casita, una habitación tenebrosa y oscura, la más oscura de las que ella había conocido. Mientras caminaba, guiada tal vez por su curiosidad, o el impulso de vivir y conocer lo oculto, lo que más misterio le generaba, ella recordaba una a una como en disfonía las palabras que seriamente le repetía su madre, ¡harás lo que quieras, pero Jamás entraras ahí, no lo puedes hacer, nunca lo harás!.
La pequeña intento en su mente desistir, pero sus pasos continuaban, ordeno a sus piernas parar, pero la curiosidad era más fuerte para moverlas aun mas, fue ahí, cuando cerro por fin la puerta tras de sí que pudo parar.
Mientras sus ojos se acostumbraban a la oscuridad de la habitación, ella pensaba y se imaginaba que podría haber ahí, pero no, nada de lo que se imagino, nada de lo que paso por su mente se parecía en lo mas mínimo a lo que encontró. De repente… una luz, un sonido, un color…
La nena se despertó en medio de mucha gente, en brazos de su padre quien con gran amor la acariciaba diciéndole que todo pasaría mientras una lagrima rodaba por su mejilla, ella aturdida aun, no comprendía porque, tampoco recordaba que era lo que había hecho antes, solo aquella luz. Luego miro a su madre, una mujer preciosa que la miraba desde el extremo de la cama en la que se encontraba con una mirada que no conocía en ella, sus hermanitas, dos gemelas se escuchaban reír fuera del cuarto y rogar que las dejaran entrar, pero no les fue permitido, todos hablaban en voz muy baja, todos entendían lo que sucedía y de vez en cuando se escuchaba a alguien sollozar, pero ella no lo comprendía, solo podía pensar en la fuerte luz y aunque miraba no percibía dolor ni nada de lo que la pudiera asombrar.
De repente… pequeñas imágenes llegaban a su cabeza, se veía ella misma, parada frente a un cofre, era parecido al que su abuela tenia para guardar sus tesoritos, por eso, no vio problema al abrirlo, en ese momento, un ser inmenso, era algo inconcebible, era tan grande y tan impresionante que no pensó estar despierta salió de aquel cofre y la miro, sus ojos eran rojos, su piel era café y escamosa y sus manos eran tan grandes que alcanzaría en una de ellas sin dudarlo.
Ella tan solo lo miraba y mientras él le decía que era lo que tenía que hacer ahora que sería parte de los muertos, que viviría en el mas allá. Nuevamente, su cabeza cual si fuera un aparato se atascó, pero ella tan solo pensaba en quién era ese ser.
De repente, recordó que una luz aun más fuerte que la que pudiera ver en cualquier mañana producirse desde el sol la absorbió, vio tras de si a alguien más, no supo a quien, solo supo que era un guerrero, o por lo menos eso fue lo que pensó.
Nuevamente regreso su mente a la habitación, ya sus padres se habían calmado, su papa especialmente ya no lloraba, solo la miraba con infinita ternura y sus hermanitas ahora estaban junto a ella, seguía aun aturdida, pero nada le quitaba de la cabeza esa imagen, ese guerrero tras
de si, aun no lo entendía, pero sabía que la razón por la cual ella estaba viva era ese alguien que llego a salvarla…
De repente empezó a sonar algo, era como muchas campanas a su alrededor, era como si le golpearan la cabeza que ahora era de metal, empezó a desesperarse, aturdida, confundida, empezó a gritar, intento aferrarse a su padre, pero este no estaba, ahora se encontraba sola en una habitación, cuando no veía más compañía que ese ensordecedor ruido, ¡despertó!.
La nenita, ahora ya no era pequeña, era una mujer de 43 años, con una vida monótona, con un problema como pocos lo tienen, solo ahí entendió que había sucedido, ese gran monstruo no era más que la metáfora de la desgracia de su vida, era aquel suceso que la postro en una cama durante toda una eternidad,
Ahora, ella nunca más volvería a ser igual, solamente viviría la imagen de aquello en su mente, pero jamás se borraría de ahí, solo sabe que aunque fue solo un sueño lo que vivió, también es consciente que ese alguien, mucho más poderoso que ella, valiente y hermoso, o por lo menos así es como lo puede recordar, volverá, la levantara, le dará una razón para vivir, ya su padre no está, ya su madre partió, sus hermanas quizá no existieron, pero aquel ser, el es más real que lo que ella pudiera palpar, el volverá, ¡la salvará!

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